Normalmente un discurso semejante se asocia con la tacañería, pero los que entendemos el fondo de la cuestión no vamos por estos derroteros. Si sé de buen grado que a alguien a quien aprecio le va a encantar y además le va a ser útil un determinado objeto, me sentiré muy feliz de podérselo regalar. Pero no todo es tan senzillo.
Para bien o para mal me han educado en la austeridad. Si hay algo que he necesitado he tenido que tener la idea presente durante meses hasta que se acercaran las Navidades o mi cumpleaños, que se encuentra justo en el otro semestre. Me parece positiva esta manera de proceder, ahora me lo aplico para hacer las compras especiales en estas fechas, que además me coinciden con las pagas extras, cuando las hay. Así me da tiempo a saber si realmente necesito o no lo que me quiero comprar y además puedo estudiar tranquilamente las posibilidades que me ofrece el mercado para comprar aquello que se ajusta más a mí. Gracias a todo este tiempo de meditación muchas veces encuentro la manera de reparar lo que se me ha estropeado o darme cuenta de que no necesito aquello que tanto había anhelado.
¡Pero para eso existe el Plan B! - Dicen algunos. - No es la primera vez que a alguien de mis círculos cercanos se les ha caducado esas cajas de vales de regalo. Así que quien quiera darse el capricho de hacerse un masaje, irse a un SPA o perderse un fin de semana que se lo pague cuando lo quiera hacer y evitamos así esas caducidades. Por cierto, a mi nunca se me caducaría, pero como no sé si a quien le voy a regalar le puede pasar, sigo opinando lo de antes.
He pecado, lo confieso. Algo que he hecho muchísimas veces es buscarme un plan para el fin de semana en el que un amigo celebra su cumpleaños. Así tengo la excusa perfecta para no ir. Porque queda fatal que todos le regalen cosas y tu nada y entonces vas a comprar cualquier cosilla que crees que le puede gustar, y claro, no lo acabas de acertar del todo. Y además de no acertar te obligan a pasar por la ansiedad de ir de tiendecitas para encontrar el regalito dichoso. Allí también se nos empieza a juntar con la mala efectividad temporal, o más conocida como mala gestión del tiempo. Por cierto, es penoso que te apetezca estar con tu amigo celebrando su aniversario y por el motivo de los regalitos no puedas estar con él. ¡Menudo lastre!
No siempre estoy en contra de los regalos, pero ha de ser con alguien a quien conozcas mucho y como algo muy especial. ¡Y no tienes porqué estar obligado todos los años!
¡Perdonad, pero alguien lo tenía que decir!


Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada